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Caminos.

Leyendo Sexual Personae de Camile Paglia. Mi amiga E. define brillantemente el estilo de la norteamericana: "Es como si estuviera leyendo un manifiesto fascista". Y claro, al escuchar tal muestra de ingenio no puedo evitar retener la citada sentencia como uno de los mayores elogios dedicados a un escritor. Hay quien todavía no ha llegado a entender que el éxito del fascismo —y por tanto de todo lo demás— radica en la depuración de la sintaxis. Nunca en la historia fue tan importante no contar. El fascismo y el socialismo (sí, equiparo términos sin temor a equivocarme) fueron tan inteligentes como para entender que la información es todo lo que un gobierno (democrático o no) necesita para tiranizar a aquellos incapaces de acceder a ella.  La Unión Soviética fue uno de los casos más brutales y también uno de los más estudiados. Ahora me viene a la cabeza un cartel soviético de la segunda guerra mundial dividido en dos mitades totalmente opuestas en cuanto a color, personajes y,
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El pan nuestro de cada día.

En nuestro tiempo ya es tradición que la mañana siguiente a un debate electoral los grandes medios de comunicación nacionales dediquen un extensísimo espacio multimedia donde se evalúe el grado de falsedad de las intervenciones de aquellos protagonistas de la noche anterior. De hecho, es todavía más sorprendente y significativo observar como los periódicos que ofrecen este fact-checking se ven obligados a repartirse las verificaciones por su incapacidad logística de hacer frente al aluvión de mentiras y medias verdades que se declaman en esa clase de debates. Porque eso es así por mucho que haya quien lo niegue: en los debates, como en cualquier acto político o público, el que habla no platica, sino que declama, es decir, hace uso de la retórica, la persuasión y, por qué no, también de la mentira.  El lector bien debe saber que la mentira es un recurso indispensable para su día a día, ya sea para tratar de esquivar las invitaciones de ese compañero de trabajo pesado e insistente o par

Javier Marías.

In memoriam. En su rostro no hay ni un indicio que justifique su fama de huraño y altanero. El lector puede estar seguro de que al retratado le trae sin cuidado su imagen pública a pesar de que su gesto parezca más afligido de lo habitual. En un primer plano destaca la pila de libros de los que no se reconoce ningún título debido al foco de la cámara, como también una carpeta azul llena hasta los topes de lo que podrían ser cartas o recomendaciones de amigos, críticos, profesores o lectores. De fondo, una pared repleta de libros con un estante del que emergen varias figuritas, entre las cuales la del capitán Haddock y la de Tintín. El retratista tampoco ha podido pasar por alto el cenicero que Marías custodia a sus tres. Es un fumador de los que ya no quedan. Cuentan que traspasa los cigarrillos de sus cajetillas a una vieja pitillera para así evitar verse obligado a mirar las repugnantes imágenes que tratan de incentivar la abstinencia de esa droga vulgar, mortífera y deleitosa por ig

Blanco sobre rojo.

Madrugada del 20 de julio de 2022.  Barrio rojo de Ámsterdam .  Hay algo que sigo sin entender. Hay algo ahí dentro que es invisible, oculto tras las cortinas de franela roja que caen y se desprenden del lado izquierdo del interior del escaparate; las mismas cortinas que, cada veinte o diez o tres minutos, vuelven a recogerse gracias al nudo de una cuerda o a la extensión de alguna hebilla o alzapaños invisible para el que observa la escena. No es teatro porque el telón cae precisamente cuando empieza el espectáculo. Tampoco es algo del todo real porque, a pesar de que el espectador sepa (a medias) lo que está ocurriendo, este no ve, no escucha ni es capaz de interpretar nada más que aquello que produce su imaginación. Puede que el teatro sea en ocasiones más sincero que la propia realidad porque aquello que percibimos con nuestros sentidos y que nos limitamos a aceptar como lo acaecido no es sino una experiencia inmediata que poco o nada tiene que ver con aquello que, en ocasiones, se

'From Russia with Love'.

Hace poco más de un mes la Policía Nacional detuvo a algunos de los supuestos estafadores de IM Academy , una empresa aún activa que tiene como único fin captar y "formar" a jóvenes interesados en hacerse ricos de la noche a la mañana gracias a las criptomonedas y el mercado bursátil en general. Se trata de una estafa, claro, porque la formación va acompañada de una cláusula de descuento que motiva a los nuevos integrantes a ir sumando más y más jóvenes a los diversos cursos que ofrece la "academia" para así sustentar una red clientelar cada vez más extensa. En esencia, los estafados aprenden a estafar y a vender la misma moto que les han colado para no tener que pagar un cuantioso curso sobre mercados financieros ofrecido por cuatro listillos que se hacen pasar por expertos del sector gracias a cuentas de Instagram repletas de fotos con Porsches,   Aston Martins  y villas de alquiler, además de ir acompañados de vistosas jovencitas ajenas  — o no del todo —  al es

Cada vez hay menos.

En las primeras páginas de  Los enamoramientos , Javier Marías utiliza la voz de María (narradora y protagonista principal de la novela) para mostrar un total rechazo a las explícitas fotografías que se emiten en prácticamente la totalidad de medios de comunicación. Citaré de forma íntegra parte del texto. Dice así:  «Recuerdo haber caído, en aquellos días, sobre un titular del periódico que hablaba de la muerte a navajazos de un empresario madrileño, y haber pasado rápidamente de página, sin leer el texto completo, precisamente por la ilustración de la noticia: la foto de un hombre tirado en el suelo en mitad de la calle, en la calzada, sin chaqueta ni corbata ni camisa, o con ella abierta y los faldones fuera, mientras los del Samur intentaban reanimarlo, salvarlo, con un charco de sangre a su alrededor y esa camisa blanca empapada y manchada, o eso me figuré al vislumbrarlo. Por el ángulo adoptado no se le veía bien la cara y en todo caso no me detuve a mirársela, detesto esa maní

Reencuentro.

Agosto de 2021. Onești, Rumanía   Han pasado diez años y ni siquiera se baja del coche para saludarme. Me subo y sonríe. Veo un par de dientes dorados y noto su mano en mi nuca apretando levemente. No le doy la mano, tampoco él me la ofrece. Acelera y para mi sorpresa veo que no vamos en dirección al pueblo. Dónde vamos. Al mercado a comprar cuatro cosas. Ah, bine . Mi madre dice que morirá siendo un hombre desgraciado y mi tía dice que morirá siendo un monstruo. Que nació monstruo y que fue un monstruo con su madre, con las tres; con mi abuela, mi madre y mi tía.     Está nervioso, dice mi primo (el otro acompañante). No es pequeño, tampoco grande: tiene trece años, pero su madre cree que lo que ella siente hacia su padre debe sentirlo también su hijo. La herencia es cosa de cobardes, de aquellos que no han hecho nada para merecer nada, por lo que exprimirla para verterla en la cabeza de un niño es un asco; qué decir cuando la que lo hace es la propia madre. Por suerte, la mía no